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La primera hora del Lunes


A las 07:35hs suena la alarma del teléfono y automáticamente aprieto el botón

que dice “posponer”. Diez segundos después ya son las 07:45hs

y la alarma comienza a sonar nuevamente, pero esta vez no me sobran

minutos para volver a posponerla.

Me levanto a regañadientes de la cama en el típico estado

emocional del lunes: me cuesta acordarme mi nombre y mi único

deseo es poder posponer la alarma de forma infinita. Sólo quiero seguir durmiendo.


Mientras me voy cambiando para poder dar comienzo a la jornada laboral,

comienzo a recordar mi nombre, mi profesión y que, si no me apresuro,

no voy a hacer tiempo a terminar todas las tareas que dejé pendientes para hoy.

¿Por qué sigo cultivando el odioso hábito de la procrastinación?

Se enciende la pantalla de mi teléfono por la notificación de un mensaje que

mandan al grupo de Whatsapp de mis amigas y se interrumpe mi pensamiento

anterior. De forma automática, comienzo a recordar los programas que tuve

el fin de semana que acaba de terminar. El partido de fútbol del sábado.

La charla que tuve con mi amiga y compañera de equipo sobre el estado de crisis

emocional permanente que vivimos desde que entramos en la adultez.

“Los 30 son los nuevos 20”, nos dijimos para reconfortarnos y convencernos de que

todavía podemos seguir en esa eterna crisis.


Ahora me acuerdo de mis hermanos y de la discusión que tuvimos el domingo al

mediodía. ¿Cómo puede ser que los mejores argumentos se me ocurran al día

siguiente? Estoy segura de que, si les mencionaba lo que aprendí con el documental

que vi el otro día en Netflix, los dejaba helados.

Me llega otro mensaje al celular, pero esta vez es de mi jefa. Son las 08:07hs y me

doy cuenta de que pasé los últimos quince minutos hundida en mis pensamientos.

Agarro mi cartera y un abrigo, y bajo las escaleras totalmente enroscada y

cuestionándome, otra vez, que paso mucho tiempo cuestionándome. Irónico, ¿no?

Bajo seis escalones y el olor a café recién hecho que sale de la cocina lleva mi

atención al presente. Es lunes. Tengo todo el día y toda la semana por delante.

Me sirvo café en la taza que traje de recuerdo del viaje que hice con mis amigas a

Costa Rica hace seis años. Qué bien que la pasamos.

El olor a café se profundiza. Todos mis pensamientos desaparecen. Recuerdo que

es lunes y que todas las posibilidades están dadas. Me digo a mi misma: “Hoy es un

nuevo comienzo”, y tomo un sorbo de café.



Emilia Yaryura

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